miércoles, 11 de julio de 2012

EL ASTRONAUTA DE CASAR DE CÁCERES

Durante muchos años permaneció encastrada en la cara exterior de uno de los muros del camposanto de Casar de Cáceres. Como testigo de un lejano tiempo – y, tal vez, lejana procedencia – la inquietante figura grabada en granito, parecía resignada a ocupar, día y noche, tan fúnebre emplazamiento. Para muchos estudiosos representa a un guerrero. El fiel centinela de las almas de quienes, a sus espaldas, dormían ya el sueño eterno. Sin embargo, nadie es ajeno a que la imagen de “El astronauta”, por el que también se conoce a esta estela funeraria, guarda evidentes particularidades que no encajan con lo establecido por el estudio de otras piezas arqueológicas de su misma familia.La extraña estela de Casar de Cáceres, con más de dos mil años de antigüedad, representa en bajorrelieve la figura antropomorfa de un ser de cabeza ovalada, desproporcionada o con casco, de ojos achinados y que mantiene una desconcertante sonrisa. En su cuerpo aparecen unas desafiantes inscripciones que no han podido ser descifradas por completo. Hombros elevados y un calzado que a todos recuerda las gruesas botas utilizadas por los cosmonautas, completan la imagen de este personaje que a todos inquieta. Es “El astronauta del Casar”, aquél personaje que a todos desafiaba con su sonrisa desde la tapia exterior sureste del cementerio de Casar de Cáceres y que no poco tiempo después de ser rescatada del lugar fue alojada en una de las salas del Museo Arqueológico de Cáceres.
Para arqueólogos e investigadores, la figura antropomorfa de Casar sigue siendo un reto. Está considerada como una pieza muy extraña. Algunos de estos estudiosos difieren en considerarla obra de romanos o celtíberos, como apoyaban otros colegas. Las estelas funerarias de esas culturas intentaban reflejar a sus retratados lo más fielmente posible. Además, no eran representaciones de cuerpo entero. Ni ofrecían figuras dotadas con abultados cráneos de enigmáticas sonrisas y con ojos orientales. Y, por supuesto, sus personajes nunca llevaron enfundadas aquellas gruesas botas. Pero resultaba más determinante, si cabe, que las estelas conocidas hasta ese momento no poseyeran, ninguna, inscripciones del calibre de la leyenda indescifrable hallada en el cuerpo de “El astronauta del Casar”.

Precisamente estas particularidades en la singular estela de Casar de Cáceres han sido las que han suscitado las controversias entre los estudiosos a la hora de datarla. Algunos piensan que su clasificación podría fecharse en el siglo II antes de Cristo, mientras que para otros estaría situada en la segunda mitad del siglo I después de Cristo. Uno de los estudiosos que, en su día, apostó por estas conclusiones fue el profesor de epigrafía del Seminario Mayor de Cáceres, Ricardo Hurtado de San Antonio. El autor del Corpus de Inscripciones Latinas cuenta en su obra cómo estando documentado su tesis en la rama de Historia se encontró con un material apasionante. La noticia que le llegó a través de un casareño suscitó un profundo interés en don Ricardo Hurtado. En Casar de Cáceres existía una piedra “con una figura que parece un extraterrestre”. Estas eran las palabras que de manera textual había recibido el profesor y que sirvieron para que éste pudiera contemplar, como pocos investigadores lo harían, la estela incrustada en la tapia del cementerio de Casar.


Hurtado de San Antonio destacó el perfecto estado de conservación que, milagrosamente, ofrecía la estela, intacta, a pesar de haber estado expuesta, desde siempre, a los agentes meteorológicos. La definió como “una estela antropomórfica de granito gris que representa, simétricamente enmarcada, una extraña figura humana, desnuda, frontal, de cabeza abombada, ojos orientales sonrientes, largo cuello, hombros levantados, brazos pegados al cuerpo, piernas desproporcionadas y musculosas, y pies calzados con unas gruesas botas. La figura es frontal, excepto las piernas y pies que están de perfil”.

En cuanto a la críptica inscripción de la estela del Casar, el profesor de epigrafía apuntó que pudiera tratarse de una lengua indoeuropea céltica, lusitana o vetona, influida por corrientes íberas. Sin embargo, la transcripción se presenta del todo imposible. Así lo admitió el propio Ricardo Hurtado en su estudio. “Aunque nos encontramos ante letras latinas – escribía el profesor –, nos vemos imposibilitados de emplear los clichés de las transcripciones romanas a las letras de la estela que nos ocupa. Pudiéramos haber hecho combinaciones para que nos encajaran en alguna de las fórmulas, pero hubiera sido falseando la historia. Es una inscripción intraducible, tan sólo semejante a las existentes en Arroyo de la Luz”.

Estos son los grafismos que Hurtado San Antonio dedujo que estaban grabados en la célebre estela de dimensiones de 1’12 x 48 x 17 cms. Sin embargo, hay otras lecturas aunque difieren poco de la reflejada aquí. En cualquier caso, ninguna de las versiones ofrecidas de la inscripción es traducible. La única palabra que además de aparecer igual en los distintos estudios, está completa y es interpretable es la que aparece en la tercera línea: ILVCIA (ILUCIA). Para algunos, este término podría tener relación con algún tipo de divinidad pagana. Otras corrientes apuestan porque esta expresión provenga de la voz “Lux-Lucis” cuyo significado es luz. Una extraña inscripción y una no menos misteriosa figura antropomorfa confluyen en la singular estela de Casar de Cáceres. Y en este punto conecta otra perspectiva que se aleja de la disciplina más dogmática pero que a muchos les asalta con sólo contemplar la insólita efigie del Casar.
Una de esas personas que se preguntaron acerca de qué o a quién se quería representar en aquel trozo de granito fue el director y presentador de los programas Cuarto Milenio y Milenio3, Iker Jiménez. En su libro Enigmas Sin Resolver (Edaf 1999), el periodista de Vitoria, realizaba una completa investigación sobre la figura antropomorfa más extraña grabada en una estela. Porque, a decir verdad, casi todos los investigadores coinciden en que la piedra ofrece una imagen ingenuamente esculpida. Pero por otro lado, también se reconoce que es una estela muy elaborada en comparación a otras.

El divulgador del misterio, en su ensayo, convocó a los lectores a observar las similitudes asombrosas que existen entre “El Astronauta” extremeño y el existente en la Pampa Colorada de Nazca, en Perú. Una zona del planeta, sobrevolada y fotografiada por el propio Iker, donde se divisan gigantescas figuras y pistas kilométricas trazadas, hace más de 2500 años, para ser vistas únicamente desde las alturas. Entre esas impresionantes representaciones existe una con 80 metros de longitud, “casualmente” conocida como “El Astronauta”. El retrato sobre la montaña ofrece la imagen de un ser antropomorfo que parece tocado con algo parecido a una escafandra. Su vestimenta recuerda a la de un mono enterizo, ceñido, y por calzado algo parecido a gruesas y altas botas. ¿Fueron semejantes los personajes representados en ambos enclaves? ¿Es casual la motivación que parece existir tras sendas plasmaciones: luz, deidad y altura?
Iker Jiménez, valientemente, se arroja a la arena para tratar de exponer el hecho de que esta peculiar epigrafía, hallada en Casar de Cáceres, sólo tenga un referente en otra población también cacereña, Arroyo de la Luz. Lugar donde, según nos cuenta el audaz periodista, existe la leyenda acerca de apariciones de entidades divinas en 1134. Del mismo modo, la conexión entre las dos poblaciones nombradas viene dada por los numerosos casos registrados de gentes que se han encontrado con extraños seres humanoides o con misteriosas luces. El imaginario triángulo formado por las poblaciones de Arroyo de la Luz, Casar de Cáceres y Malpartida de Cáceres, todas ellas con importantes conjuntos funerarios del pasado, guarda historias de extraordinarios encuentros con lo inexplicable. Extraordinarias luminarias; grandes maquinarias que se posan sobre los terrenos y, misteriosamente, secan sus lagunas; tensas persecuciones a automovilistas, en medio de la noche, por parte de extraños objetos voladores; o las apariciones de seres enlutados, levitando a escasos centímetros de la calzada, ante la mirada absorta de noctámbulos conductores; son algunas de las experiencias recogidas por Iker Jiménez en la zona comprendida entre esos tres puntos de interés arqueológico. Algo, por otra parte, que parece repetirse en la casuística ufólogica.

Sus protagonistas tienen nombres y apellidos y, en los días en que vivieron tan extraordinarias experiencias, ostentaban profesiones de lo más diverso. Ganaderos, constructores, estudiantes, empresarios o, como el protagonista de uno de los casos mencionados, oficial mecánico conductor de la Diputación Provincial de Cáceres, todos ellos, han sido testigos de lo insólito en un lugar marcado por lo mágico y lo ancestral. Dos elementos estos que pasan, en gran parte, por la presencia de una representación de algo o alguien desconocido.

Siempre dio la sensación de que esa figura estaba desubicada del verdadero sentido de su concepción. Puede que esos ojos achinados, inquietantes, hayan sido testigos fríos de alguna de esas situaciones extraordinarias ocurridas durante las noches en Casar de Cáceres. Hoy, la enigmática estampa del “Astronauta del Casar”, junto a otras estelas, mora en la sala nº 2 del Museo Provincial de Cáceres de Arqueología. Sin embargo, da la impresión de seguir siendo una intrusa. Su imagen, tan diferente a las demás, nos transmite la sensación de encontrarnos ante una pieza especial del pasado que no encaja en ninguno de los patrones que hemos construido para explicar la historia.

Texto: Gonzalo Pérez Sarró
Fotografías: Rocío Gallardo



Publicado en la revista "Vivir Extremadura"

1 comentario:

  1. enhorabuena por tu blog! soy un gran aficionado a estos temas, así que me hago seguidor para no perderte la pista!

    un saludo

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